Por Jesús Romo de la Cruz

La transparencia gubernamental y su convivencia con Internet representa un encuentro entre corrientes de política pública y tecnología que genera un potencial para mejorar cualitativamente el acceso a la información pública. La evolución hacia políticas de datos abiertos gubernamentales y el Internet de las Cosas pone en perspectiva el futuro de esta sinergia para la generación de valor público en Latinoamérica.

En la región, cada administración nacional ha implementado distintos mecanismos de gobierno transparente. Una primera ola constituía la atención por primera vez de solicitudes de acceso a información gubernamental. Una segunda ola es todavía visible en políticas para “transparentar” de origen esta información que abarca nóminas de gobierno, contratos con proveedores e indicadores de programas públicos.

Desde inicios de la década actual han surgido políticas de datos abiertos u open data que tratan de reforzar el derecho de acceso a la información gubernamental, pero también de generar valor adicional con el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) con la creación, por ejemplo, de nuevas aplicaciones y servicios sobre Internet. El cruce entre los datos abiertos e “Internet de las Cosas” (IoT) puede generar a futuro más valor público y económico con el uso de información gubernamental.

Tanto los datos abiertos como IoT tienen distintas definiciones con algunos puntos en común. Por ejemplo, se considera como datos abiertos aquella información accesible por cualquier persona, sin restricciones para su uso o distribución independientemente de su propósito. IoT consiste, por otro lado, en una red de objetos, sensores, dispositivos y personas conectadas que intercambian información  con la posibilidad de desarrollar nuevos servicios.

Existen criterios adicionales que ayudan a darles una mayor definición. Por ejemplo, las políticas de datos abiertos deben eliminar barreras legales y técnicas con requisitos como generar bases de datos en formatos que sean legibles por diferentes aplicaciones de software. IoT, por su parte, debe ir más allá de comunicaciones máquina a máquina (M2M) conceptualmente hablando, de modo que la transmisión de información abarque a una mayor diversidad de objetos, dispositivos y aplicaciones.

En América Latina y el Caribe existen alrededor de 9 iniciativas de datos abiertos impulsadas por gobiernos nacionales, de acuerdo con la iniciativa de Open Data del gobierno de Estados Unidos. Esta corriente de política pública es todavía joven en la región.

Telconomia

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Las iniciativas de datos abiertos generalmente comprenden repositorios en Internet con bases de datos. Esto genera oportunidades para que una mayor diversidad de personas tenga acceso a ellas, no sólo especialistas en política pública.

Estos repositorios muestran información recolectada por el gobierno y su consulta está abierta para casos como investigaciones académicas o su uso para generar nuevas ideas de negocio. Por ejemplo, la aplicación CityMapper emergió en Inglaterra gracias a la apertura de los datos sobre el transporte en Londres. Hoy esta aplicación está disponible en 29 ciudades del mundo.

Pero de momento la mayoría de la información es recolectada y consultada por humanos. Es en este aspecto que IoT presenta una oportunidad para potenciar el impacto de los datos abiertos con el despliegue de infraestructura capaz de recolectar autonómicamente la información y de dispositivos o programas que puedan leerla en tiempo real y procesarla.

Hay distintas proyecciones sobre los beneficios de IoT en la esfera pública por distintas entidades. Cisco, por ejemplo, produjo en 2013 una estimación de  US $4,6 trillones como el valor generado por soluciones IoT para la década proviniendo de acciones como optimización de servicios públicos, vialidad, seguridad pública y ciudad sustentable.

De hecho, las ciudades han sido algunos de los early adopters de IoT, según Deloitte. Estos núcleos humanos presentan retos complejos que pueden resolverse con la ayuda de la tecnología existente y aquella que se va reforzando, como es el caso de las tecnologías inalámbricas como las redes móviles. En este sentido, las ciudades son también incubadoras naturales de soluciones basadas en IoT.

Siendo IoT una red integrada por sensores, objetos y dispositivos conectados, se tiene la posibilidad de recopilar mucha más información sobre fenómenos en la ciudad como patrones de tráfico, calidad del aire y transporte público. De hecho, la disponibilidad de redes inalámbricas permite que estos elementos que componen el IoT puedan ser ubicados con mayor libertad aprovechando distintas tecnologías de acceso, desde redes celulares hasta Bluetooth o puntos Wi-Fi. Esta ubicuidad permitirá generar datos en tiempo real que pueden ser alimentados a bases de datos sobre Internet, y a futuro esta información podría ser consultada no sólo por personas,, sino por dispositivos o software capaz de leerla y procesarla en tiempo real, agilizando así el análisis de los datos.

Las ciudades inteligentes como caso de uso de IoT pueden convertirse en generadoras de más información gubernamental con un triple beneficio: el refuerzo del derecho de acceso a la información, la toma de decisiones operativas basadas en datos empíricos y la publicación de  información primaria que no existía previamente.

Pero el camino a este beneficio es todavía largo. Entre los retos de IoT están aspectos como la seguridad de la información, lo que invariablemente conduce a la protección de los datos personales en posesión del gobierno y particulares. Los sensores y dispositivos en el entorno IoT pueden estar programados para recolectar información, pero no siempre podrán discriminar aquella que puede caer en el ámbito de la privacidad.

Además, entre los retos y oportunidades de los gobiernos está el generar políticas o agendas IoT orientadas a permitir que las redes que sostengan este entorno cuenten con recursos adecuados, como la asignación de espectro radioeléctrico suficiente para comunicaciones inalámbricas y el uso de plataformas y tecnologías interoperables.

IoT, en suma, promete generar valor público y privado, pero para aprovechar este entorno se requiere trabajar en políticas públicas que promuevan el acceso a datos abiertos y protejan los datos personales, así como acciones que garanticen la generación de redes robustas y la adopción de soluciones IoT compatibles entre sí.