Por Wally Swain, Managing Editor, Mirador Comunicaciones SAS

El miércoles (7 de febrero de 2019), el gobierno colombiano introdujo su Plan de Desarrollo 2018 – 2019. Su tercer objetivo es Incrementar el apoyo directo a las empresas para la modernización productiva. La Industria 4.0 figura como parte importante de este objetivo como así también en muchas otras partes del plan.

Wally Swain, Managing Editor, Mirador Comunicaciones SAS

El informe televisivo de noticias que miré en la noche del lanzamiento destacaba a “la Cuarta Revolución Industrial”, pero los informes de noticias del día siguiente dedicaban menos tiempo a este tema. Sin embargo, el concepto de Industria 4.0 recibe mucho espacio en la descripción de 1364 páginas del plan.

En el sistema político colombiano, el Plan de Desarrollo es el documento estratégico clave para todo un mandato presidencial -de allí que comience en 2018 cuando fue electo el actual Presidente Iván Duque y culmine en 2022 al completar su mandato constitucional, aunque hoy estemos en 2019. Redactado por el Departamento de Planificación, que pertenece al Ministerio de Hacienda, es debatido y, eventualmente, aprobado por el Congreso. Luego el documento pasa a ser el marco para las agendas presupuestarias y legislativas, y la “evaluación de desempeño” de los Ministros. Las sumas importantes de dinero se erogan en función de este plan.

En un primer nivel, el principio número dos es un Pacto por el Emprendimiento, la Formalización y la Productividad y el segundo subpunto es Transformación de la Empresa: Desarrollo productivo, innovación y adopción de tecnología para la productividad. El principio número 7 es un Pacto por la Transformación Digital de Colombia: gobierno, empresas y hogares conectados a la era del conocimiento. El segundo punto de esta sección es Hacer una Sociedad digital e Industria 4.0: hacia una relación más eficiente y transparente entre mercados, ciudadanos y el Estado.

El término ‘Industria 4.0’ aparece 20 veces en el documento y en secciones diferentes de las mencionadas más arriba. La última se encuentra cerca de la página 1100. (No, no leí el documento completo; para eso sirve la función “Buscar” de Adobe Reader).

Lo que entiende el gobierno por ‘industria 4.0’ figura en la página 17 (bajo el Objetivo 3), donde el texto reza:

MinCIT (el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo) a través de iNNpulsa (un grupo de estudio gubernamental) y en alianza con el MinTIC (Ministerio de Comunicaciones y Tecnología de la Información), el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) y Colciencias (que maneja los programas de ciencia y tecnología del país), dirigirán un programa de fabricación avanzada que busca desarrollar las tecnologías asociadas con la Industria 4.0  (Internet de las cosas industrial, IIoT, big data, inteligencia artificial, robótica, fabricación aditiva – impresión 3D – , nanotecnología, materiales y compuestos avanzados y realidad virtual y aumentada) y que proveerá servicios a las compañías de todos los sectores.

Los planes de implementación incluyen capacitación pero también la financiación de proyectos importantes en empresas individuales. Para reiterarlo: se erogarán importantes sumas de dinero.

Esto puede no parecer demasiado para los europeos (y puede parecer una pérdida de dinero de los contribuyentes para los estadounidenses) pero para un país que acaba de unirse a la OCDE y lucha por lograr la categoría de ingresos medios, es un compromiso de relevancia.

Están cerrando todas las fábricas

Al igual que muchos otros países en desarrollo, Colombia pasó buena parte de su existencia de doscientos años detrás de muros tarifarios elevados que protegían a la fabricación nacional. Estos quedaron derribados a comienzos de la década de los 90 cuando el mundo abrazó la globalización. (Treinta años más tarde, todos parecemos estar escudándonos detrás de los muros de nuestros castillos otra vez para arrojar bolas de brea ardiente a nuestros vecinos, pero me aparto del tema).

Si bien algunas industrias se vieron afectadas inmediatamente por la competencia de manufacturas mucho más eficientes en costos (como la electrónica), muchas fábricas sobrevivieron, especialmente en el que los Montrealeses (y quizá otros también) llaman “el comercio de la aguja”, es decir, el negocio de la indumentaria. El diferenciador que salvó a sectores de la industria colombiana fue el bajo nivel de salarios. Esta ventaja perduró hasta esta década, en que fue barrida por la tormenta perfecta del ascenso de países con salarios aún más bajos, como Vietnam, y una revaluación de la moneda colombiana que encareció todas las exportaciones.

Lo que empeoró las cosas fue que muchos fabricantes locales prefirieron no invertir en eficientizar sus propias fábricas. Habituados a cobrar rentas de industrias protegidas, sencillamente aprovecharon el beneficio de los bajos salarios hasta que este llegó a su fin. Y entonces cerraron.

El crecimiento económico mundial, especialmente en el Pacífico asiático, y algunos Acuerdos de Libre Comercio (ALC) oportunos han contribuido. Sin embargo, en ausencia de una transformación de la industria, los ALC no hacen más que exacerbar el problema de la productividad.  Este gráfico del Banco de la Reserva Federal de St. Louis (¿qué?) muestra que la Productividad Total de los Factores en Colombia está estancada desde la década de 1970, aunque la tendencia en este siglo haya sido positiva.

Como ejemplo de lo que yo llamaría el fenómeno ‘Allentown’, cuando llegué a Colombia a fines de los 90, el área ribereña de Medellín, la segunda ciudad más importante de Colombia, era toda industrial, y estaba dominada por la mayor acería del país. Era fea pero productiva, y llena de trabajadores. Hoy en día, se ha despejado toda el área y la presencia dominante es la moderna sede del mayor banco del país. Hay nuevas viviendas inteligentes, un antiguo taller de maquinaria es ahora un excelente museo de arte moderno, y el tránsito al mediodía es denso, con gente que sale apurada a almorzar.

Medellín continúa siendo importante en el comercio de la aguja pero con especialidad en diseño. Las prendas en sí se confeccionan en Asia. Muchos compradores colombianos miran las etiquetas de las marcas locales y bromean con que son “Made in China”.

Se trata de una transición importante, pero millones de trabajadores del sector manufacturero fueron “dejados atrás”. La cifra de desempleo oficial se ubica en torno del 10% (baja para Europa, alta para los Estados Unidos) y el empleo informal ronda el 50%.

Nunca nos dijeron qué era lo real

En tanto economista aficionado -con algo de capacitación, lo acepto- tengo la molesta sensación de que una economía basada 100% en servicios tendrá dificultades para crecer. Quizá no necesariamente “hierro y coque / y acero cromado” sino lo que los economistas llaman “la economía real” debe ser fuerte y exportar a fin de que exista crecimiento a largo plazo. Pero no tengo pruebas, Singapur probablemente es un ejemplo en contrario, y nuevamente estoy yéndome de tema.

El otro reto que tiene Colombia para revitalizar su fabricación es su terrible infraestructura de transporte. El lobby de la industria de camiones desmanteló el sistema de ferrocarriles del país hace décadas y lo que no resulta cómico es que cuesta más embarcar un contenedor desde el centro del país (donde se encuentra buena parte de la fabricación) a la costa del Caribe (donde se encuentran los puertos) que embarcar el mismo contenedor desde la costa del Caribe hasta China.

No es de extrañarse que otra parte importante del Plan de Desarrollo tenga que ver con el transporte. El último gobierno inició un gran programa de inversión en infraestructura que tuvo problemas de corrupción e incompetencia de público conocimiento pero que de todos modos debe continuar.

Sin embargo, en el ínterin, el costo del transporte significa que Colombia debe centrarse en fabricación de alto valor agregado para poder competir. Solo los productos con alto valor agregado tienen suficiente margen como para compensar los caminos deficientes del país. Por otro lado, estos también requieren técnicas sofisticadas de fabricación: los bajos salarios no son un factor diferenciador. Ayudan, quizá, pero no son un diferenciador.

Es por ello que la Industria 4.0 es una iniciativa tan importante. En un momento fortuito, hace unas semanas el Foro Económico Mundial anunció la apertura de su  cuarto Centro Afiliado de Industria 4.0 en Medellín, el primero en la región. Los otros están en San Francisco, Pekín y Tokio.

Conclusión: Aún hay mucho por hacer. El Plan de Desarrollo aún no fue aprobado por el Congreso y los procesos políticos tienen sus modos de desviar fondos de los “planes mejor diseñados”. (Siempre el momento correcto para  Robbie Burns.) Los programas gubernamentales (de todos los países) tienen (a veces merecida) mala reputación respecto de su capacidad para lograr resultados transformadores.

Pero esto es un muy buen comienzo y los detalles del plan se basan mayormente en lograr que estas empresas adopten estas tecnologías y muy poco sino nada se dice acerca de las tecnologías en sí. No se habla, por ejemplo, de instalar laboratorios de investigación y Desarrollo para IA o RA/RV. En lugar de ello, el Plan de Desarrollo habla de la implementación refiriéndose a los “Fab Labs”, un invento del MIT respaldado por la Unión Europea donde se comparte información y se facilita el acceso a nuevas tecnologías. Ya existen 10 en el país; el gobierno presuntamente tiene planes de fortalecerlos y de sumar más.

Tal como reza la conclusión de mi blog, IoT, Digital Transformation and faster cat videos:

Los gobiernos yerran cuando superponen el foco en acceso a la tecnología. (También yerran cuando no facilitan el acceso a la tecnología). Pero la transformación digital no se agota en la tecnología. También abarca el uso de la tecnología con la intención de transformar la manera de hacer negocios.  

Todo niño tiene una buena probabilidad de llegar al menos tan lejos como su padre.

Eso es responsabilidad de todos, pero el gobierno tiene un papel importante a desempeñar.

Referencia al título: Al igual que muchos otros temas de Billy Joel, Allentown no goza de demasiado respeto de parte de la crítica, aunque tiene una melodía pegadiza, un ritmo intenso (al compás de los martillos de acero) y un mensaje de peso que cautiva a los asistentes a los conciertos. Solo alcanzó el puesto número 17 en los Estados Unidos y no figura en ningún listado de “mejores temas de todos los tiempos” pero la prueba de su atractivo más amplio es que llegó a la posición número 1 en Nueva Zelanda y fue un hit en Rusia. Lanzado en 1982, capta perfectamente el aspecto negativo del ciclo industrial. Hace casi 40 años, la fabricación en Estados Unidos se encontraba en un pronunciado declive cuando países de salarios más bajos tomaron el mercado del “hierro y el coque y el acero cromado” como así también el de electrónica de consumo, autos, y casi todo lo demás. Estados Unidos sobrevivió gracias a las manufacturas de alto valor agregado (como las computadoras), el software y los servicios pero, lamentablemente, muchos jóvenes residentes en Allentown y otras ciudades del así llamado “cinturón oxidado” no “llegaron tan lejos como sus padres”, un problema con el que las economías avanzadas siguen lidiando aún hoy. Pero una vez más, me fui de tema.

La columna fue publicada originalmente en: https://macondotelecom.net/2019/02/08/avoiding-allentown/